Las masías diseminadas por la sierra concentraban la actividad agrícola que se desarrollaba en el territorio. La mayoría han desaparecido, aunque han dado nombre a lugares o barrios enteros; por ejemplo, Can Dragó, Can Garrigó, Ca La Peira, Can Guineueta, Torre Baró, etcétera.
Otras masías todavía se conservan y mantienen una cierta actividad económica, como es el caso de Can Carreras o Can Verdaguer. Algunas, finalmente, se utilizan como equipamientos públicos, como es el caso de Ca N’Ensenya, Torre Llobeta o Can Basté.
El núcleo urbano más antiguo de Nou Barris era el de Santa Eulàlia de Vilapicina, un pequeño barrio que se articulaba en torno a una capilla románica del mismo nombre, que ya existía en el siglo X y que fue reconstruida en 1782. Muy cerca se encuentra Ca N’Artés, un antiguo hostal del siglo XVI levantado en el camino de Sant Iscle, y Can Basté, una masía de finales del siglo XVIII.
La población de las masías y de este pequeño barrio no era de más de unos cuantos centenares de habitantes a mediados del siglo XIX. La economía se basaba en algunas actividades artesanales y, sobre todo, en el cultivo de la viña y de forrajes para el ganado. También se cultivaban productos de la huerta destinados al consumo de los habitantes de la próxima Barcelona, todavía rodeada por murallas.
























